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El dilema de la eutanasia

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La muerte no es una verdad absoluta cuando se ha cumplido bien en la vida terrenal con un propósito vital al servicio de los demás.

Cuando el paciente no se puede beneficiar de la intervención médica compleja y especializada y se siente amenazada su dignidad y autonomía cognitiva, no tanto por la muerte, cuanto por el modo tecnologizado de morir, evitando la obstinación terapéutica, implementar los cuidados paliativos es de utilidad para dar un alivio apropiado al dolor y sufrimiento, sin amenazar la dignidad y autonomía cerebral. Urge plantearse cómo vivir y humanizar el proceso de morir.

La eutanasia es el procedimiento médico terapéutico que no se realiza de manera arbitraria, tiene que haber un previo consentimiento informado entre el paciente que lo pide con autonomía cognitiva y la familia, minimizando el riesgo de tomar una decisión errónea, ya que no depende de una sola persona con la cual se pone fin a la vida terrenal, con el consiguiente cese de la actividad cerebral y demás órganos vitales de una persona incurablemente enferma de un cáncer terminal, enfermedad neurodegenerativa y moribundos, los cuales están con tratamiento paliativos y asistido con ventilación mecánica invasiva, terapias de reemplazo renal y otras terapias de reemplazo de órganos vitales, con el propósito de prolongar el sufrimiento de los pacientes y la muerte digna.

La eutanasia libera a una persona del dolor y sufrimiento insoportable que sufren muchos pacientes con cánceres terminales incurables metastásicos a diferentes órganos y enfermedades neurodegenerativas como la esclerosis múltiple y diferente tipo de demencias. Lo decisivo es cómo humanizar el proceso de morir respetando el derecho individual y la voluntad de un paciente con una enfermedad terminal que necesita una muerte digna.

Al permitir la eutanasia, los médicos ayudan a las personas que mantienen una autonomía cerebral para poder tomar esa decisión sin retorno, ponerle fin a su vida temporal terrenal padeciente y poder iniciar otro estado sin sufrimiento y con dignidad de su enfermedad terminal. Las primeras decisiones a tomar son la limitación de los esfuerzos terapéuticos, renunciando a los tratamientos de soportes vitales respiratorios, renales etc. Debemos preguntarnos si los recursos terapéuticos sirven para prolongar o mejorar la calidad de vida en el proceso de morir o son formas de prolongar la agonía, sirven para deshumanizar la muerte. Hay que plantearse cuál es el justo y adecuado recurso médico para no caer en lo que se ha llamado obstinación terapéutica.

La muerte forma parte de la vida de las personas y es la última oportunidad de hallar un verdadero significado y dar un sentido coherente a lo que pasó antes. (O)

Jaime Galo Benites Solís, clínico intensivista, Guayaquil

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2023-11-20T08:00:00.0000000Z

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