El Universo

El hábito lector y la comprensión de la lectura

Solo una tercera parte de los niños de 10 años puede leer y comprender una historia sencilla, según la Cumbre sobre la Transformación de la Educación, en Nueva York (2022).

Por Dayse Villegas Zambrano

En 2022, varios reportes de Unicef llamaban la atención sobre las dificultades de comprensión lectora de niños y niñas de Latinoamérica y el Caribe. Un informe de junio de ese año, hecho en colaboración con el Banco Mundial y Unesco, señalaba que cuatro de cada cinco estudiantes de sexto grado de esta región (alrededor de 10 años de edad) no pueden comprender un texto simple.

Un documento de mayor alcance, en septiembre de 2022, advirtió que solo una tercera parte de los niños de 10 años del mundo puede leer y comprender una historia sencilla. Esto fue durante la Cumbre sobre la Transformación de la Educación, en Nueva York.

Este era una actualización de The State of Global Learning Poverty (El estado de pobreza del aprendizaje global). Incluía un menú con opciones para que los países traten de recuperar y acelerar el ritmo de aprendizaje.

Otra entidad que suele medir el desempeño escolar es el Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes

(PISA), que publica su informe regularmente. Este distingue entre quienes están aprendiendo a leer con fluidez (como una primera etapa) y quienes ya lo han logrado y pueden ir a mayores niveles de comprensión y convertirse en lectores proficientes, que usan y se involucran con variedad de textos, libros, artículos en línea y redes sociales para encontrar información, entender el significado literal e implícito y reflexionar críticamente en el contexto y la forma. Es decir, alcanzan comprensión lectora. En ese orden.

Adicionalmente, The Child Mind Institute considera la lectura como una habilidad fundamental para el desempeño académico, el éxito profesional y la participación plena en la sociedad. Sin embargo, observa que los niños en Estados Unidos no están aprendiendo a leer con fluidez. Solo el 33 % de estudiantes de cuarto grado son lectores proficientes. Y solo 63 % tienen al menos una lectura básica.

Un reto para la educación: la formación de lectores autodidactas

No obstante, ver la relación con la lectura desde un enfoque académico no está ayudando a los niños. “¿Realmente la fluidez lectora es un indicador importante en la educación?”, cuestiona el educador educativo Eduardo Molina Morán. En un artículo en línea titulado La lectura nos hará libres… si desarrollamos el hábito de leer (revista digital La línea de fuego, 2022), él argumenta que solo si se adquiere el hábito se consigue la fluidez y la comprensión lectora.

Aunque el currículo ecuatoriano no explota el concepto de hábito lector, sí se sugiere “despertar en el estudiante el placer por la lectura”. Pero el educador señala que toda la responsabilidad por la creación de este hábito recae en el área de lenguaje, así como en la organización de actividades relacionadas con la promoción de la lectura, que no surgen de las necesidades de cada comunidad educativa sino como parte de un programa establecido y estandarizado para todas las escuelas.

“Ante los ojos de un lector consumado, estas actividades se caracterizan por su artificialidad y ‘deber ser’”, escribe Molina, y añade que son una exaltación y aspiración de la conducta lectora más que una evaluación de los procesos y resultados pedagógicos.

Eso no significa que esos resultados no existan. “El Índice de Lectura en Ecuador —según mediciones realizadas hace más de diez años, ya que no hay cifras actualizadas— se ubica en 0,5 libros al año por persona, uno de los más bajos en Latinoamérica, no se diga a escala mundial”. Lo cual con

El autoentrenamiento diario de la lectura eleva gradualmente la complejidad y la temática.

tradice la convicción de la comunidad educativa de que está formando lectores.

El hábito lector, dice Molina, puede definirse como “el autoentrenamiento diario de la lectura, que asciende gradualmente en tiempo, complejidad y temática, impulsado por una necesidad vital de conocimiento, participación y autoestética, y cuya ejecución provoca placer en el sujeto”. Es leer por decisión propia, de manera constante y por el gusto de hacerlo.

Menciona algunos componentes de este hábito:

- La disposición a leer - Preparación del ambiente - Lectura propiamente dicha - Relectura

- Subrayado

- Uso del diccionario

- Toma de notas

- Pausa para reflexionar sobre lo leído

- Consulta de otras fuentes Si bien este entrenamiento es inicialmente dirigido por otro, el hábito ocurre cuando el propio individuo se convierte en actor. Además, la costumbre de leer necesita de la discusión y la participación, en foros, mesas de diálogo y espacios de reflexión común. “Todo ello impactará primero en una elevación de su autoestima, estética y goce; y, posteriormente, en un afinamiento del hábito lector, buscando textos de creciente dificultad y expandiendo las temáticas de interés”. Y así, los jóvenes descubrirán que se puede leer más allá del gusto personal, como un ejercicio de participación ciudadana, un hábito liberador.

Observaciones para el entrenamiento lector

1. Un no lector difícilmente formará lectores. El guía debe ser alguien que ya se entrenó a sí mismo en la lectura, que ha desarrollado un hábito lector.

2. La lectura no es competencia de una sola asignatura, sino que todas las asignaturas deben servirle a ella. Debe haber espacios de lectura guiada en todas las áreas.

3. La lectura es para compartir, para debatir, para formar en ciudadanía, en comunidad. Tiene un fin social.

4. El sistema educativo debe aspirar a formar autodidactas, personas que se entrenen a sí mismas en el hábito lector. Y esto debe ocurrir desde edades tempranas. “La pandemia le dio en la torre a la educación ecuatoriana. El currículo vigente desde 2016 tuvo cinco años para demostrar que su producto, sus lectores por placer, podían llevar una educación en línea sin dificultades. Los conceptos de autonomía y motivación intrínseca evidenciaron su pomposidad dentro de una educación dependiente del maestro, en lugar de favorecedora de la autonomía del estudiante lector”, resume Molina.

Leer fuera de las expectativas, las recomendaciones y los listados

Y, sin embargo, el placer de leer es la puerta de entrada. “Algo crucial para que los niños lean es que lo hagan con gusto”, dice a este Diario Marcela Santos Jara, magíster en Desarrollo Temprano y Educación Infantil.

“No se trata de que les digas: ‘Toma, te toca leer este libro’; a lo mejor ese niño no quiere leer ese libro, pero puede gustarle otro. O dice: ‘No me gusta leer’; pero, si le creas el ambiente, lo hará”.

Los niños se animan cuando el medio en el que viven es la lectura. “Mi padre tenía una biblioteca, y recuerdo verlo sentado leyendo y disfrutando”. Es partidaria de dar a los niños textos que toquen su sensibilidad, aunque no estén en una lista de recomendados para ciertos grupos de edad.

Esto es posible, en una escuela o en el hogar, cuando hay espacios propicios y abiertos. Una biblioteca. Un rincón de lectura. “Que tengas variedad de libros, y que los niños elijan qué quieren leer”.

Las listas de títulos recomendados según la edad pueden reducir las opciones. Los libros, de variada temática y complejidad, deben estar disponibles para que los niños los tomen y los lean.

“Hay niños más lectores que otros; lo importante es que comprendan lo que leen. Y ellos van a comprender si los maestros les aproximan lecturas con sentido”, que no es lo mismo que el libro de texto oficial, para la tarea escolar. “Es una práctica de vida”.

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2023-11-19T08:00:00.0000000Z

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